domingo, 9 de mayo de 2010

banco

Erase una vez una chica virgen de bancos. Cuando digo virgen de bancos me refiero a que nunca había ido a un banco a hacer un trámite. Tal vez le había pasado que su padre la hubiera llevado en algún momento a que lo acompañara a hacer su trámite, pero ella lo único que hacía en esos momentos era sentarse en algún asiento libre y mirar con cara de papá te juro que me porté bien, no sé por qué me trajiste acá. Claro, que después de esta tortura el padre le daba alguna recompensa, podían ser caramelos o hasta una muñeca, todo dependía de qué tan culpable se sentía el padre por haber hecho que su adorada hija se perdiera el capítulo de la telenovela de Cris Morena del momento.
Y un día la nena creció y le tocó a ella hacer el trámite. Cobrar el cheque, pagar las cuentas, depositar un dinero... Pero claro que su primera vez no fue tan fácil. Obviamente, cuando llegó el sistema estaba caído. Y tuvo que esperar y esperar hasta convertirse en pera y escuchar el mismo chiste de que el sistema seguía caído porque nadie lo levantaba (si se puede llamar chiste). Y la chica extrañó el momento en el que la fila la hacía su padre y no ella y tenía la posibilidad de poner cara de pocos amigos y ganar una recompensa.  

1 comentario:

  1. No seas injusta con tu padre, por lo menos te dejaba sacar todos los sobres de deposito que quisieras del cajero automatico, que después andaban tirados por ahi en la casa al pedo !!!

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