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jueves, 15 de octubre de 2009

uruguay 0 - argentina 1

Me invitaron a ver el partido y no me pude negar. Me dio vergüenza decir que me cago en el football y más si juega Uruguay, además el plan incluía morfe así que acepté.
Llegué justito cuando empezaba el minuto 0. En el minuto 3 ya me estaba preguntando cómo carajo iba a aguantar esta hora y media haciendo la que me importa. ¿Qué hago si alguien mete un gol? ¿Cuál tiene que ser mi reacción? No sé, es muy posible que para mis adentros diga metieron un gol y ¿que?¿Cómo hago para fingir el entusiasmo? De todas formas no importa, con un poco de suerte cuando metan el gol voy a tener un buen pedazo de pizza en la boca y mi falta de emoción se resuma a que no quiero que todos vean mi muzzarella a medio digerir. Pero no, esta no iba a ser una opción porque se les ocurrió que para no perderse ni un segundo del partido había que hacer el pedido recién en el entretiempo. Ciaò pizza, nos vemos en cuarenta y pico de minutos. Y yo miraba y escuchaba. ¡Cómo corre el palito! ¿Está Messi? A mí me gusta Mascherano. Dicen que Mascherano tiene una pieza de un auto adentro por eso corre tan rápido... ¿Quién es Jonas Gutierrez? ¡Qué bueno que está Lugano! ¡Qué aburridos los del estadio que no cantan! Qué lindo el azul de la camiseta argentina. Tantos comentarios y yo callada... Se me ocurrió que podía participar: ¡qué fea la vincha del de violeta!
Yo estaba sorprendida cómo hacen para conocer a tantos jugadores yo solo conozco a Verón porque estaba en el album del mundial '98 (único album que llené en mi vida) y a Forlán porque hizo un aviso de alfajores (lo solía ver bastante seguido en los omnibus).
Terminó el primer tiempo y nada. Solo unas cuantas faltas de ambos lados pero ni miras de gol.
Se me dio. Llamaron al delivery. Pidieron la pizza que se tomó su tiempo en venir. Cuando al fin llegó ya estaba por empezar el segundo tiempo. Entre muzzarella, Coca Cola y fainá empecé a panicar. Imaginate que perdiste esta hora y pico de tu vida mirando un partido que termina 0 a 0. Un empate. Un empate mediocre. Grandes jugadores jugando horrible, tirando patadas por doquier y sin ningún gol. Necesito un gol. No me importa de quién. Un gol. Mis pensamientos fueron interrumpidos por un gol sí pero de Chile. Uruguay está salvado, sigue teniendo chances de ir al mundial. Nadie precisa el gol, solo yo.
Cambiaron a Messi por Tévez. Entró Cavani, dicen que corre, tal vez esta es la nuestra. ¡Goooooooooooolllllllllllllllll! de Argentina (esto lo sé porque nadie gritó a mi alrededor). No me di cuenta quién fue el autor. Un gol anónimo a mis ojos. Un gol anónimo que me dio esperanzas. Un gol que me robó una sonrisa. Al final no perdí una hora y algo de mi tiempo, bueno en realidad sí la perdí y no vuelve más pero hubo un gol y además seguimos teniendo chances de ir al mundial. Ya fue el gol, los argentinos están tranquis, van a ganar. Los uruguayos tratan de hacer algo pero no es grave, si le ganamos a un país de Centro América podemos llegar al mundial. Y echaron al pelado Caceres que resulta que no es pelado, es bastante peludo...
El partido no fue apasionante pero me conformo, un gol y me conformo. Ahora solo faltan unos minutos de partido. Los dos países clasificaron o siguen en carrera así que los jugadores se limitan a hacer tiempo, que termine. Creo en el fondo que era lo que todos querían. Que termine. Y terminó. Y el Cebolla Rodríguez se mandó una cagada y tiene tarjeta roja y yo no sé qué hizo porque a mí me enfocaron a Maradonna abrazandose con no sé quién.
Terminó y nada. El mundo sigue girando de la misma forma solo que ahora sé que el tipo de violeta con la vincha desagradable era el golero.

jueves, 17 de septiembre de 2009

adicción

- Me llamo Lou y tengo un problema. -admití con los ojos vidriosos.

- Bienvenida Lou. - dicen al unísono los otros miembros del grupo de autoayuda.

- Mi historia es simple. Todo empezó hace aproximadamente dos años cuando por primera vez se me descamó una uña. La manicura me explicó que tenía las uñas débiles y me las pintó con brillito. Pasaron unos días se me saltó el brillito, me lo saqué y me olvidé del tema hasta que se me volvieron a descamar, ahora ya no era una uña eran diez. Empecé a desesperar pero pensé: seguro que ponerme un brillo fortificador no puede hacer mal... La solución con mayúsculas no fue pero era mejor que nada... Cada tres días tenía que repintarlas porque se saltaban pero igual, no era grave porque como no era más que brillo sin color no se notaba tanto.
Después llegó el verano y mi madre me compró esmalte rojo para los pies (las madres y las modas o lo que creen que está de moda...). Era verano, yo de vacaciones; empecé a usarlo en las manos. De más está decir que eran esmaltes de mala calidad así que cada tres días a destapar el acetona para repintar... Hasta ahí la adicción estaba bastante controlada, el rojo duró solo en verano. Empezaron las clases, me volví a ocupar y mis uñas quedaron descuidadas nuevamente, solo un brillito fortificador de vez en cuando. Un día fui a la manicura y le hablé de mi problema. Me recomendó una pocíma especial que iba a hacer maravillas, y las hizo, así que mi probelma estaba resuelto pero yo ya era una junkie.
Volvió el verano y las vacaciones en la ciudad y el tiempo libre y el aburrimiento y mi adicción se hizo más grande que nunca. Un día mi madre (a esta altura de mi historia se habrán dado cuenta que tiene mucho que ver con mi situación actual) me compró un esmalte rosado, fucsia mejor dicho y lo probé y me gustó pero claro cada tres días a cambiarlo se ha dicho. Después llegó el magenta y el bordeau y un rojo sangre y un rosa más opaco y mi adicción se fue al carajo.
Empecé la facultad y todo fue muy difícil y la única persona que me habló fue para preguntarme por mi esmalte, así que creí que si tenía las uñas al desnudo nadie iba a dirigirme la palabra y mis años ahí no iban a ser más que un largo silencio. No me sentía cómoda al natural, necesitaba color.
Otro factor importante en mi adicción fue una mala compañía que yo solía tener que tenía problemas más graves que yo con el esmalte. Ella se llegó a pintar cada uña de un color diferente y me alentaba y felicitaba cada vez que tenía un color nuevo en mí.
Una amiga que vive en el extranjero venía de visita durante el invierno y me preguntó qué quería que me trajera de regalo y lo único en lo que pude pensar fue en esmaltes de colores divertidos, cuanto más pop mejor. Me trajo un violeta, un verde y otro azul y me planteó mi problema.
Llegué a disfrutar exhalando el olor a esmalte como si fuera mi cemento. Ella me hizo ver que esto no es normal. Yo no quise aceptarlo. Aseguré que el problema residía en la mala calidad de los esmaltes que tenía y me compré unos de buena calidad (gasté toda mi mesada en ellos). Dejé de salir por un mes por su culpa pero me di cuenta que a pesar de que ahora el cambio era necesario después de una semana, yo quería efectuarlo antes porque quería cambiar el color, me aburría 7 días en el mismo tono...
Otro problema que surgió durante mi adicción es que yo soy una persona muy perfeccionista entonces si una uña está apenitas saltada ya tengo que sacarlas todas y empezar de cero.
Hoy que me di cuenta de mi problema, quiero tratar de solucionarlo. Hace ya tres horas que no me pinto las uñas, ni aspiro esmalte o acetona. Espero que con mi voluntad y su apoyo voy a volver a ser yo, la de antes de las uñas débiles.

- Gracias Lou, una historia muy conmovedora. Realmente muy lindo que hayas compartido tu adicción con el grupo, todos entienden lo que estás sufriendo y lo difícil que fue para vos dar este primer paso. - dijo la coordinadora del grupo con lágrimas en los ojos y muchas ganas de apoyarme en mi lucha.

viernes, 12 de junio de 2009

¿por qué?

¿Por qué es tan difícil tener las uñas perfectas? ¿Por qué las uñas crecen? ¿Por qué las uñas se parten y se descaman? ¿Por qué el esmalte se salta? ¿Por qué el esmalte se seca tan lentamente? ¿Por qué siempre que me pinto las uñas me doy cuenta que tengo que hacer algo con mis manos? ¿Por qué el esmalte dura tan poco? ¿Por qué soy tan tiquismiquis? ¿Por qué me importa tanto?